| Atardecer desde la costanera de Montevideo |
En la distancia escucho una canción que dice: “me gusta estar al lado del camino…me gusta abrir los ojos y estar vivo,” del gran cantautor argentino Fito Paez. Mientras tanto me subo a un autobús que me ira a llevar hacia las afueras de la ciudad de Posadas. El plan: llegar a Uruguay. El método: de aventón (a dedo). Decidí bajarme en la Ruta 14, punto estratégico perfecto para conseguir un aventón hacia el sur. Dicho y hecho, después de 40 minutos esperando un auto me recogió y traslado aproximadamente 200km. Me dejo cercas de una estación de servicio en medio de la nada y se me complica porque nadie quiere llevarme. Después de unas horas un oficial militar me recoge pero igual me deja en medio de la nada. Una vez más me encuentro varado en una estación de servicio pero esta vez esta obscuro y casi no hay conductores. Un camionero argentino se apiada de mi situación y decide llevarme hasta Concordia, lugar donde cruzaría a Salto, del lado uruguayo.
En total hice 661km de aventón para poder llegar hasta Concordia. Esa
noche me fui a dormir en la terminal de autobús y el día siguiente cruce al
lado uruguayo para poder tomar un transporte hacia Montevideo.
Hay diferentes teorías sobre el significado de la palabra Uruguay, pero
una de las más populares dice que la palabra uru significa pájaros
y guay significa rio, dando resultado al Rio de los Pájaros. Con
un poco más de 3 millones de personas, 88% de la población charrúa es
descendientes de europeos, siendo españoles e italianos la gran mayoría. El
resto se divide entre mestizos y afro-uruguayos. Desgraciadamente la población
indígena es casi inexistente debido a las masacres organizadas por el gobierno en
contra de los aborígenes en siglos pasados. La economía se basa primordialmente
en la agricultura y ganadería, pero también hay un sector industrial
desarrollado e importantes destinos turísticos que se explotan cada vez con más
frecuencia.
| Viejos amigos jugando en la playa de Montevideo |
| Montevideo |
| Estatua de Artigas |
| La costanera de Montevideo |
| Palacio Piria - Montevideo |
| Palacio Salvo - Montevideo |
| Teatro Solis - Montevideo |
Durante el trayecto Salto-Montevideo lo único que pude observar fueron
grandes océanos de pasto que llegaban hasta donde el horizonte se convertía en
infinito. Después de varias horas en la ruta por fin llegue a Montevideo, donde
una cálida lluvia y un frente frio me recibió con las manos abiertas. Sin
embargo, no importo ya que mi buen amigo Gervasio se encontraba esperando mi
arribo. Rápidamente nos dirigimos hacia su casa, donde tendría el placer de
conocer al resto de su familia. Al igual que en Paraguay, la familia uruguaya
me trato de maravilla. Los Suarez fueron muy atentos las dos semanas que estuve
ahí. Explore la ciudad varias veces y visite la facultad de arquitectura donde
Gerva termina sus estudios. En otra ocasión me fui a recorrer Montevideo con la
hermana de Gerva, quien me llevo a explorar y me explico detalladamente cosas
de interés de la cultura charrúa. La mejor parte de ese día fue sin lugar a
dudas lo gastronómico, pues fuimos al popular Mercado del Puerto a comer las
famosas parrillas uruguayas.
Nos sentamos en uno de los tantos restaurantes y ordenamos un parrilla
completa para dos. La parrilla consistía de lomo de chorizo, costilla, vacio,
dos tipos de chorizos, pollo, morcilla dulce y salada, riñón, mollejas y
chinchulín. Confieso que mi debilidad fueron las anchuras: chinchulín (tripas),
morcilla, mollejas, etc. Después de una intensa batalla en contra de la vasta
comida me di por satisfecho. La comida era tan abundante que no pudimos
terminarla entre los dos. Desafortunadamente se nos olvido la cajita con el resto
de los alimentos que no nos comimos, pero bueno, como decimos en mi tierra, “ni
pedo.”
Al día siguiente me dirigí hacia el histórico Estadio Centenario, hogar
de la selección nacional charrúa de fútbol. Me encontré con la mala noticia que
el museo estaba cerrado debido a remodelación, pero eso no me evito poder
escurrirme por una de las puertas para poder entrar y ver el estadio desde su
interior con todo su esplendor. Me pare en la parte más alta de en medio y por
un momento me imagine la crónica de aquella memorable final del primer mundial
de fútbol en 1930, donde el equipo charrúa le dio la vuelta al marcador tras
estar perdiendo 2 a 1 contra sus vecinos argentinos y se corono campeón del
mundo.
| Preparando empanadas |
Los días pasaron rápidamente debido al gran
ambiente que había en la casa de los Suarez. El ultimo día en la capital
uruguaya me encontré con unos amigos que había hecho previamente en Recife,
Artigas y Vane, pareja fotógrafa que se había mudado recientemente a la capital
en busca de una nueva aventura. Me tome mi primer mate con ellos y nuevamente
nos juntábamos para abastecernos de mate y un delicioso pastel de chocolate que
Vane había preparado. Después de una larga conversación y caminata me despedí
de ellos y me fui con el atardecer que lentamente desaparecía hacia la casa de
mis anfitriones. Esa noche la Sra. Miriam y Don Edison, padres de Gerva,
prepararon unas deliciosas empanadas charrúas. Don Edison preparo la masa y la
Sra. Miriam el relleno para finalmente ser freídas por las manos artesanas de
Don Edison. Nada mejor que unas sabrosas empanadas de carne y pescado para
despedir mi última noche en Montevideo con esta bella familia.
El día siguiente
me despedí y agradecí a la familia Suarez por su generosidad hacia mí en las dos
semanas que pase en su casa. Mi próxima estación se encontraba en Colonia de
Sacramento, ciudad fundada por portugueses en el año 1680 como un punto estratégico
en la costa norte del Río de la Plata. A diferencia de los españoles, los
portugueses no desarrollaron un plan urbano en forma de tablero de ajedrez,
sino que construyeron todo de acuerdo a las características topográficas de la península.
El centro histórico esta caracterizado por calles angostas construidas de
piedra y casas de un solo nivel. La arquitectura es el resultado de
reconstrucciones por cada intento de ocupación entre ambos lados. Además se le
añade el toque que artesanos le dieron al pueblo cuando emigraron a finales del
siglo XIX y la fusión de construcciones tradicionales que ambos países ibéricos
contribuyeron en la edificación de este ahora patrimonio de la humanidad.
Debido a que no contaba con que mis amigos
Arti y Vane no estuvieran en Colonia, tuve que buscar un albergue para
hospedarme. Me aloje en Las Barrancas Hostel, un alojamiento para gente
buscando un servicio diferente, más cercano al trato con los dueños y los otros
viajeros, teniendo en cuenta el bajo costo económico. Alastair es el dueño y un
motociclista que ha recorrido muchas rutas del mundo y tiene un gran conocimiento
sobre qué es lo que un viajero necesita o busca en un alojamiento. Sin lugar a
dudas uno de los mejores lugares donde me he quedado, especialmente por el
equipo de trabajo: Mica, Emiliano y Mauro, quienes fueron muy atentos conmigo y
el resto de los viajeros.
Durante mi estadía en Colonia
camine por el centro histórico y anduve en bicicleta a lugares más distantes. La
costanera es un lugar ideal para caminar, recorrer en bici o simplemente
sentarte en una banca a admirar el paisaje. El atardecer es algo que no te
puedes perder en esa zona debido a que lo ves de frente mientras se oculta bajo
el inmenso Río de la Plata que se encuentra por todo el horizonte.
Mi amigo Artigas de casualidad
regreso a Colonia por unas cosas y aprovecho para llevarme a recorrer su ciudad
natal. La mejor parte fue cuando salimos a recorrer las lejanías de la ciudad
en su motocicleta, la cual data de hace más de 20 años. Mientras recorríamos los
caminos rurales mis pensamientos eran invadidos por nostalgia debido a que mi plan
original era recorrer América Latina en motocicleta. Pero bueno, en este caso
el piloto y el copiloto no eran Alberto y Ernesto, sino Artigas y yo. Al igual
que ellos éramos dos soñadores en busca de aventura y llenos de curiosidades
sobre el mundo que nos rodeaba. Queda pendiente el viaje en motocicleta para la
próxima, pues como dicen en mi país, “el que persevera, alcanza.” Y si hay algo
que me caracterice es justamente eso, la perseverancia.
Adicionalmente
Arti me llevo a conocer el lugar donde creció, la granja de su familia. Mi
talentoso amigo creció en una granja de vacas respirando aire puro y libre del
ruido y demás cosas que normalmente se perciben en una ciudad. Quizás para
mucha gente sea normal, pero para mí fue una experiencia grandiosa poder asistir
a una granja lechera ya que tuve la oportunidad de ordeñar una vaca, cosa que
nunca había hecho en mi vida. Conocí a parte de la familia de Arti y probé
chorizos artesanales al igual que fruta fresca del huerto. Sin lugar a dudas
fue una experiencia que siempre recordare.
La
noche llego y con ella el momento de despedirme de mi amigo Artigas. En la
mañana aliste mi mochila y me dirigí hacia el puerto donde tomaría un buque que
me llevaría a la ciudad porteña de Buenos Aires.
Atrás
quedaron amigos que hice para toda la vida pero que no volveré a ver en mucho
tiempo. Atrás se quedan los tangos y las hazañas de aquellos héroes de 1930 y
1950. Me voy contento de haber estado presente durante la presidencia de Pepe
Mujica, uno de los mejores lideres que un pueblo haya podido tener y ejemplo a
seguir para el resto de la escoria política que gobierna el resto del mundo.
Las olas me arrastran lejos de la costa charrúa mientras en el fondo logro
escuchar a “la cumparsita” como un himno que hace eco en el horizonte. Adiós
Uruguay, me llego la hora de partir.
MONTEVIDEO Y COLONIA, TE MATASTE..
ResponderBorrarQue bueno te haya gustado Uruguay!!! faltaron un montón de hermosos lugares por conocer, en la próxima oportunidad que tengas de venir te haremos un tour por más lugares!!! :)
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